Les évêques mexicains appellent à un engagement collectif et concret pour la paix face à l’insécurité nationale

Conférences épiscopales étrangères
Moyen
17 avr. 2026, 23:05

Citation

"La paix ne se construit pas avec des armes ni avec des discours vides."
Conférence de l'épiscopat mexicain
Pape Léon XIV
Société civile organisée
Jeunesse mexicaine
Gouvernement du Mexique
Église catholique
Martyrs mexicains
Vierge de Guadalupe

L’assemblée plénière des évêques mexicains renouvelle un appel à l’action concrète face à la grave crise de violence et de fragmentation sociale qui touche le Mexique. Partant d’une analyse spirituelle et morale, le message s’inscrit pleinement dans la tradition du magistère social de l’Église, mais se distingue par une exhortation à dénoncer les causes structurelles de la violence et à rejeter la banalisation de l’insécurité. Les évêques lient la réconciliation nationale à une mobilisation collective, impliquant l’État, la société civile organisée et chaque citoyen. Cette prise de position s’accompagne d’une dénonciation explicite du silence et de la rhétorique vide face aux défis du pays, et invite à l’adoption de l’éthique et du bien commun comme boussole pour l’action publique. Le rappel du centenaire des martyrs sert de référent historique pour refuser les divisions et promouvoir une mémoire qui rassemble. En évoquant la Coupe du monde, l’épiscopat cherche aussi à ancrer le message dans les réalités culturelles nationales, montrant que fraternité et transformation sociale trouvent place dans tous les domaines de la vie publique. Ce message pourrait influencer la dynamique sociopolitique, notamment en renforçant le rôle des acteurs religieux et civils dans la construction de la paix.

Texte de la source originale

Trabajar activamente por la paz y no caer en la indiferencia, fue el firme llamado que hicieron los obispos mexicanos al cierre de su CXX Asamblea Plenaria. En su mensaje dirigido al Pueblo de Dios, los prelados subrayaron que la construcción de un país reconciliado exige compromiso colectivo, fe y acciones concretas frente a las realidades que afectan a millones de personas.

En el contexto de la Pascua, los obispos invitaron a renovar la esperanza pese a las dificultades. “Reciban la paz del Resucitado, que renueva nuestros corazones y nos impulsa a caminar en esperanza”; una afirmación que más allá de lo espiritual, se traduce en una lectura crítica del momento actual que vive México y el mundo.

Conscientes del contexto que rodeó la asamblea atravesada por “contextos de guerra, corazones endurecidos, pueblos y culturas amenazadas”, los pastores reconocieron que también existen oportunidades para “caminar hacia la reconciliación y construir la fraternidad entre los pueblos”. Así, retomaron el magisterio reciente de la Iglesia para reforzar su mensaje, al recordar que “la fraternidad es la nueva frontera de la humanidad”. Por eso, exhortaron a no perder la esperanza incluso en los escenarios más adversos.

Menos palabras, más acciones

Un llamado que se conecta con las palabras del Papa León XIV, que insiste en denunciar las causas estructurales de la violencia y promover acciones concretas para alcanzar la paz. “¡Basta de la idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de ostentación de poder! ¡Basta de guerra!”.

El mensaje de los obispos mexicanos es particularmente enfático al señalar que la paz no puede construirse desde la superficialidad o la retórica. “La paz no se construye con armas ni con discursos vacíos”, advirtieron, sino mediante acciones concretas; un proceso que implica “denunciar las causas y luchar contra quienes prosperan con el sufrimiento ajeno”. Se trata de plantear la adopción de la ética como camino y la responsabilidad compartida para autoridades y sociedad civil.

Pasando al contexto nacional, los obispos se refirieron a la situación de inseguridad que los afecta, circunstancia que les preocupa y frente a la que no pueden guardar silencio. “Callar ante la inseguridad es traicionar el evangelio”, afirmaron. Igualmente, alertaron sobre el riesgo de normalizar la violencia. “Un país que normaliza la muerte, pierde vida, la violencia no solo destruye vidas, sino que corrompe la esperanza”.

Memoria agradecida

Ante este panorama, llamaron a los ciudadanos, a continuar el trabajo por la transformación. “Hacemos una llamada a la sociedad civil organizada para seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el país”, subrayando la necesidad de construir una historia cuyos frutos, beneficien a las futuras generaciones.

Los obispos también abordaron la dimensión histórica y espiritual del país. En el marco del centenario de la memoria de los mártires mexicanos, recordaron que esta fecha no debe usarse para dividir, sino para aprender y construir: “No es una memoria de confrontación, se recuerda con gratitud, no para dividir, sino aprender y construir”, agregaron.

En el plano pastoral, los prelados insistieron en el mandamiento del amor como camino para cerrar las brechas que fragmentan la sociedad. “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”, porque en ese amor “se encuentra el camino para reconstruir el tejido social y sanar nuestras heridas más profundas”.

Fraternidad en la diversidad

Asimismo, reflexionaron sobre la dignidad de la persona y la importancia de la vocación, entendida no solo en términos religiosos, sino como un llamado universal a participar en la transformación de la sociedad. En este sentido, destacaron que cada persona, desde su realidad, tiene un rol en la construcción del bien común; especialmente en un contexto donde los jóvenes “buscan dar sentido a su vida desde la fe”.

Por otra parte, mencionaron el campeonato mundial de fútbol expresión de esa dimensión simbólica y cultural del pueblo mexicano que consideran una oportunidad para promover la fraternidad. Al respecto, invitaron a que este evento sea “un signo de la vocación humana a la comunión entre los pueblos” y una ocasión para demostrar que es posible vivir “la fraternidad en la diversidad”.

Finalmente, los obispos encomendaron el país a la intercesión de la Virgen de Guadalupe, pidiendo que sus ciudadanos aprendan a “mirarse como hermanos y tender puentes con un futuro reconciliado, que brota de la justicia y la misericordia”.

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