Le Pape Léon XIV appelle à la paix et à la transformation lors de la messe pour la justice à Bamenda
Citation
"C’est le moment de changer, de transformer l’histoire du pays. Aujourd’hui et pas demain, maintenant et pas dans le futur."
La visite du Pape Léon XIV à Bamenda, dans la région nord-ouest du Cameroun, marquée par un long conflit indépendantiste, constitue un acte à forte portée symbolique et politique. Le pontife s’est positionné comme médiateur moral dans une société minée par la violence, la corruption, la pauvreté et des influences extérieures destructrices. En s’adressant à plus de 20 000 fidèles, il a directement lié la situation camerounaise aux enjeux structurels de gouvernance, de gestion des richesses nationales et d’alliances religieuses problématiques utilisées pour justifier des intérêts politiques et économiques. Sa dénonciation du syncrétisme religieux à des fins politiques, ainsi que son appel à la transformation immédiate et à la construction de la paix et de l’unité, visent à renforcer la capacité de résilience et d’auto-organisation des populations locales. Ce discours s’inscrit dans la ligne des interventions papales en Afrique sur l’ingérence étrangère et l’autonomisation des sociétés civiles, mettant la pression sur les acteurs politiques nationaux et internationaux impliqués dans la crise camerounaise. Le déplacement papal appuie également la voix de l’Église catholique locale et de ses leaders qui peinent à peser face à la montée de la violence et des replis communautaires.
Texte de la source originale
Alina Tufani Díaz – Ciudad del Vaticano
En un entorno alimentado por el odio y la violencia, donde la pobreza, el hambre, la corrupción y la explotación debilitan la esperanza y abren paso a la resignación y en la impotencia, el Papa recuerda, a los miles de fieles presentes en la Misa celebrada en el Aeropuerto de Bamenda, que la Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, que deben ser protagonistas del cambio, desafiando al mal, sobre todo, a quienes intentan mezclar la fe católica con creencias o desviaciones esotéricas para obtener beneficios políticos y económicos.
Nuevamente, colores, cantos, alegría, belleza, exaltación al paso del Papamóvil, que recorre la explanada con un Pontífice, sonriente que extiende y agita los brazos para saludar a los más de 20 mil fieles que esperan escuchar las palabras del Sucesor de Pedro en su propia tierra. Una tierra ensangrentada y pobre, dijo el Pontífice en el Encuentro de paz con la comunidad, en la mañana, y que fue corroborado, esta tarde, a la luz del Evangelio, durante su homilía en la Santa Misa por la Paz y la Justicia, como se ha querido denominar esta celebración, la última en esa región del noroeste del país, aplastada por un conflicto independentista, hambreada y víctima de la corrupción y la sed de dinero y poder.
Un peregrino de paz y de unidad
Compartir el camino, las dificultades y las esperanzas de los fieles de Bamenda como un peregrino de paz y de unidad, ha sido la primera revelación de León XIV al abrir su homilía, no sin antes reconocer que las manifestaciones festivas y el fervor de las oraciones del pueblo camerunés son un signo de su entrega confiada a Dios y de su inquebrantable esperanza en el Padre.
Hermanos y hermanas, muchos son los motivos y las situaciones que rompen el corazón y nos hacen caer en la aflicción. En efecto, las esperanzas en un futuro de paz y reconciliación, en el que cada uno es respetado en su dignidad y a cada uno se le garantizan sus derechos fundamentales, se debilitan continuamente a causa de los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima.
Odio y violencia, corrupción y ambición
De hecho, el Papa no ahorró palabras para describir las abundantes formas de pobreza, la crisis alimentaria actual, la corrupción moral, social y política, vinculada a la gestión de la riqueza, los graves problemas que aquejan al sistema educativo y sanitario; así como la enorme migración, pero, en particular, se refirió al conflicto entre los separatistas de esa ex-región anglosajona y el gobierno central, así como de la desenfrenada ambición de actores extranjeros.
A la problemática interna, continuamente alimentada por el odio y la violencia, se añade también el mal causado desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo.
El cambio es hoy y no mañana
Una situación que si bien expone a todos a un sentimiento de impotencia y desconfianza, pero que exige una voluntad de transformación.
Este es el momento de cambiar, de transformar la historia del país. Hoy y no mañana, ahora y no en el futuro, ha llegado el momento de reconstruir; de componer nuevamente el mosaico de la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente; de edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación.
No caer en la resignación y la impotencia
Nuevamente, el Pontífice advierte que ante las dificultades, muchas veces consolidadas en el tiempo, se corre el riesgo de caer en la resignación y en la impotencia, ya no se espera más.
La Palabra de Dios abre espacios nuevos y genera transformación y sanación, porque es capaz de poner el corazón en movimiento, de desestabilizar la marcha normal de las cosas a las que fácilmente nos acostumbramos, de convertirnos en protagonistas activos del cambio.
“Recordemos esto: Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien.”
Obedecer a Dios no es sumisión, es profecía
Retomando las palabras de la primera lectura, en la que los Apóstoles interpelados por las autoridades del sanedrín por haber seguido a Cristo respondieron que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, León XIV recordó que su valentía se convierte en conciencia crítica, en profecía, en denuncia del mal, y en el primer paso para cambiar las cosas.
Obedecer a Dios, en efecto, no es un acto de sumisión que nos oprime o anula nuestra libertad; al contrario, la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar.
No dejarse confundir por quienes usan la fe
Por último, el Pontífice se hizo eco de las continuas denuncias de los obispos de la Conferencia episcopal de Camerún sobre la incompatibilidad entre la fe cristiana y las creencias de otros grupos, panteístas, hechiceros, naturalistas, filosóficos y racionalistas que proponen formas sincréticas que plagian y confunden. De allí su invitación a seguir las palabras del Apóstol Pedro a obedecer a Dios, no a los hombres, porque sólo Él es Dios.
Nos invita a promover la inculturación del Evangelio y vigilar atentamente, también nuestra religiosidad, para no caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos.
Ser fuente de consuelo y esperanza
Y antes de impartir su bendición apostólica al final de la Misa, el Papa recibió las palabras del Arzobispo de Bamenda, Monseñor Andrew Nkea Fuanya, quien agradeció su presencia, a pesar de todos aquellos que intentaron disuadirle de esa decisión: “Cosecharemos los frutos de su visita durante muchos años y confiamos en que la paz por la que ha venido a orar volverá a esta Provincia eclesiástica”.
Un regalo de parte de la Iglesia de Bamenda. De manos del Santo Padre el don de un precioso cáliz y la certeza de sus oraciones por todos aquellos que trabajan en y por Iglesia para que sean fuente de consuelo y esperanza.